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Canotaje || 2012-05-14 18:21:44
Travesías Kayakeras por el Mar de Ansenuza. Octubre 2006
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Travesías Kayakeras por el Mar de Ansenuza. Octubre 2006        
Pantanales del Oeste – Encuentro con el Hombre de Tigre


Texto y redacción: Diego Villafañe
Correcciones, estadísticas y georeferenciación: Roberto Milano

 Objetivos centrales de la travesía:
- Disfrutar desde una concepción holística  la navegación por Ansenuza, mar interior de agua salada, quinto a nivel mundial por su extensión, ubicado al noreste de la provincia de Córdoba, de aproximadamente 120 Kilómetros de ancho por 100 de largo; sitio que cumple con todos los criterios de “Ramsar” (O.N.G’s Suiza, reconocida como el único convenio medioambiental que se ocupa de un ecosistema específico) y es considerado uno de los humedales más importantes en Argentina, por la riqueza de su biodiversidad.
- Explorar las islas El Rolo y territorios inundables interiores de la costa oeste, aún no descriptos en crónicas de navegación, a los que no han llegado navegantes sin ayuda de elementos propulsores mecánicos.
- Visitar la zona de pantanos de la región oeste, lugar de avistaje de  grandes aves acuáticas: flamencos, cisnes, maca grande, garzas, etc.
- Compartir la experiencia con otros 8 kayakistas que completarán la flota.
 Tiempo previsto: tres días, más uno de reserva, a mediados de octubre de 2006. Siempre se programa un día extra por eventuales dificultades, atendiendo especialmente a las cambiantes condiciones meteorológicas. Se considera navegable cuando el viento, la variable de mayor influencia, no supera los 27 Km/h.
 Campamento base: Campo Mare, península de cuatro kilómetros de largo por dos de ancho, ubicada en la costa suroeste de Ansenuza.
 Distancia total aproximada a recorrer: 120 kilómetros.
 Recursos tecnológicos: fotografías satelitales: NASA, CONAE y LANDSAT 7,  geo-referenciadas en el GPS (navegador satelital). Unidad meteorológica con predicción para 12 horas. Anemómetro portátil. Brújula y compás de navegación. Telefonía celular (utilizable sólo en el 20% del trayecto). Pronóstico meteorológico satelital.
 Participantes, procedencia y embarcación utilizada:
- Roberto Milano y Diego Villafañe de Villa María, provincia de Córdoba. Kayak: SDK Kaiken doble travesía.
- Diego Pereda y Sergio Barrera de Córdoba Capital. Kayak: SDK Kaiken doble travesía.
- Carlos Nieto de Carlos Paz, provincia de Córdoba. Kayak: SDK Yámana.
- Eduardo Ibañez de Córdoba Capital. Kayak: Weir Cruz Diablo.
- Jorge “Toto” Soria y Sebastián Álvarez de Rosario, provincia de Santa Fe. Kayak: Weir Franky y Markopolo II.
- Alejandro Battaíno de Río Ceballos, provincia de Córdoba. Kayak: Weir Markopolo I.

 Primer día (43 km): Campo Mare – Isla Tigre. El pantano nos devora.
 La noche del jueves, anterior a la partida, nos encontramos todos en Campo Mare, llegamos primero y aprovechamos con Roberto para charlar con nuestros cálidos anfitriones, Pichón, Negrita y Roberto Mare. Conversamos largo rato y le pasamos el parte de navegación para los próximos días: derrotero previsto y estado del tiempo. Sabemos que estará complejo el día sábado, con viento fuerte y tormenta eléctrica, aspecto que nos condicionó a escoger el plan “B”, que consiste en recorrer los pantanales de la costa oeste, avistando las nutridas colonias de flamencos y cisnes coscoroba, arribando para pernoctar en la isla mayor del pequeño archipiélago de El Rolo, lugar al que ningún kayakista ha accedido. Si bien el lugar está  a más de 50 kilómetros, somos optimistas y confiamos en la ayuda de las muy buenas condiciones climáticas previstas para mañana viernes, ya que contaremos en algunos sectores de navegación con viento suave de popa que dará las naves unos nudos más de empuje y velocidad. Apostamos por la certeza del fiel portal cibernético (www.windguru.com). Mañana sabremos en cuánto acertó... o erró.
 No hay problema, estamos preparados para afrontar lo imprevisto, ya que conocemos los caprichos y dificultades de este particular espacio geográfico siempre cambiante y diferente, de ahí la particular atracción y tremendo respeto que nos provoca. Pero, ¿todos los compañeros de travesía estarán en las mismas condiciones de preparación mental, técnica y física? Esperamos que sí y hayan adoptado una postura filosófica próxima a la del kayakismo holístico.
 Alrededor de las 23:30 horas, el cálido viento del noreste acompaña la llegada  de la mayor parte del equipo, se explica y discute el recorrido planificado, mientras los rosarinos preparan tres sábalos a la parrilla; se hace difícil pegar un ojo con tanto movimiento culinario,  hacemos un esfuerzo, ya que mañana será dura la remada.
 Despertamos temprano, a las 06:30 horas estamos desayunando y disfrutamos la salida del sol desde el iglú junto al casco de la estancia, los Mare duermen aprovechando la tranquilidad del entorno. Con la ayuda de los autos bajamos los botes hasta la playa, distante un kilómetro. Se ve suave, fina, limpia, esta espléndida y extensa, se nota la importante bajante de las aguas de la mar, según los locales hace más de 12 años que no desciende tanto, ya van poco más de dos metros desde la cota máxima registrada en el 2003. Otro misterio más del comportamiento del Mar de Ansenuza, nadie sabe ni se anima a predecir qué pasará en el futuro.
 Mientras descendemos a la playa, se cruza ante nosotros, sin mayores apuros una estupenda serpiente falsa coral, se deja fotografiar unos segundos y después decide despedirse, excelente encuentro para comenzar los avistajes de fauna en su medio.
 Descargamos los botes con algo de retraso, parece que la tertulia fue larga anoche, aprestamos los últimos detalles, nos despedimos de los que quedan en tierra y partimos con rumbo 330° (noroeste), surcando con tranquilidad las por ahora suaves ondas de Ansenuza que no superan el medio metro, hay viento del este, la diosa sanavirona de la leyenda, protectora del lugar parece decirnos: - Vengan tranquilos, pasen... Pero hay que desconfiar un poquito, está demasiado amable y sabemos por experiencia que es muy celosa con los visitantes, sobre todo con los que no respetan el entorno.
 La confianza mata al hombre dice un refrán, poco tardan en levantarse olas más grandes que dificultan el desplazamiento, especialmente afectados se encuentra los compañeros de Rosario, que no pueden sostener la dirección ni la velocidad adecuada; aunque cueste creerlo estos experimentados kayakistas llevan botes que nunca han navegado antes, gentilmente cedidos por Weir para este evento. El avance está complicado, estamos por debajo de la velocidad mínima prevista que permitiría acceder a El Rolo, hay que levantar el nivel.
 Carlos ata una cuerda al kayak de Sebastián para ayudarle en la dirección, lo que mejora el avance. Pasamos sin mayores novedades la zona de La Elisa, Sacavino y El Martillo, también la hostil isla Palos. Ya llegando a los 20 km de marcha, hemos recuperado algo de tiempo. Nos internamos lentamente en una zona baja de pantanos cubierta por el bosque fantasma. La ola ha disminuido, los árboles quemados por la sal  asoman por miles, como un ejército de estatuas retorcidas y desnudas muertas de pie. La zona es escogida por grandes colonias de flamencos y cisnes para alimentarse. Aparte de los crustáceos de caparazón calcificado que comen estas aves y los navegantes a remo, no hay otros seres vivos en muchos kilómetros a la redonda. Alucinante experiencia, en un lugar inaccesible para el común de los mortales y para otro tipo de embarcación que no sea un kayak.
 Los grupos de esbeltos rosados y agitadores coscorobas se suceden por cientos, un espectáculo maravilloso de movimientos elegantes y sonidos de alerta ante la presencia del extraño. Hoy ya sabemos que es esta una función, un show que no nos cansaremos de disfrutar, ¡estamos vivos! Botnia y las papeleras que condicionan el progreso a la extinción de la flora y fauna, todavía no llegaron a Ansenuza, todavía sentimos la sangre de la naturaleza  que corre y no está presa, con su certificado de defunción firmado.
 Beneficiados por la bajante encontramos un pequeño atolón inundable, de arena y árboles muertos, es la capital de cisnelandia, apenas ven que encaramos hacia el islote huyen abandonando el sitio, parece que no lo defenderán de los invasores; pero tranquilos, almorzamos y nos iremos. En el lugar hay restos de una vivienda o tinglado, así como un surgente entubado a unos 30 metros de la costa, que vierte sin cesar miles de litros de agua dulce, excelente para refrescarse y limpiarnos un poco la sal.
 La sombra solar indica que son las “12:34 horas”, aprovechamos para hidratamos las pieles expuestas a Inti, hace calor (30°), es alto el consumo de líquido. Estamos a menos de la mitad de camino. Ingerimos energéticos y seguimos la remada por el pantanal, ahora debemos buscar rumbo 300°, pero hay inconvenientes, en esa dirección hay pantano bajo e impenetrable, debemos abrirnos hacia el norte intentando esquivar los retorcidos troncos que lucen el impecable y clásico blanqueado de la sal. Pasado este bosque entramos nuevamente a mar abierto, conviviendo con las olas y el viento, las condiciones son estupendas, brisa del este, por fin a favor.
 La tirada con buen rumbo dura apenas media hora, sin esperarlo nos encontramos con otro pantanal, el espectáculo nos conmueve, hay miles de flamencos, el horizonte es una línea gruesa y rosada, intentamos aproximarnos pero antes de los 100 metros levantan vuelo mostrándonos otra función de deleite. Obtenemos varias tomas fotográficas muy interesantes, mientras los botes avanzan lentamente debido a la baja profundidad, el promedio desciende y se nos complica la llegada.
 Algo más de media hora lastimando con los remos el suave barro y salimos nuevamente a mar despejado, ya se distingue a lo lejos una alta arboleda en medio del horizonte sin fin, el navegador satelital (GPS), nos indica que faltan cerca de 13 kilómetros  para El Rolo, hemos retomado la dirección correcta y avanzamos a buen ritmo, pero... nada es para siempre, nos encontramos con otro pantanal sembrado de árboles sin vida, los flamencos paraditos en 20 centímetros de agua nos indican que no pasaremos, está muy bajo, estamos jugados con el tiempo, faltan sólo 10 minutos para las 17:00 horas. Debemos descender de las embarcaciones y pechar los kayaks hasta salir del pantano, vemos un atolón a la derecha, hacia el norte (0°) y parece que hay profundidad más allá del arenal.
 Hay reunión urgente de timoneles, los desarrollados y molestos tábanos parece que también están invitados. Debemos decidir si seguimos hasta El Rolo a unos 11 kilómetros con rumbo 300° o doblar hacia los 0° a la isla Tigre, distante 5 kilómetros y visible con claridad. Por mayoría se toma la opción hacia Tigre, ya que si ponemos proa a El Rolo y nos llegáramos a topar con otra u otras zonas bajas, el arribo sería de noche, algo totalmente desaconsejable, sumamente peligroso.
 A toda marcha con viento en contra, Carlos marcó más de 45 km/h en su anemómetro, tardamos cerca de una hora en llegar a Tigre, nos queda poco tiempo de luz para armar campamento, para peor la playa es muy extensa y la arboleda escasa para protegernos mañana del frente sur que se viene asomando. Elegimos la playa que nos parece más adecuada y entre todos subimos uno por uno los pesados botes hasta la zona de arbustos. Sin mayores trámites se arman las cinco carpas, alertando a los compañeros que busquen un poco de reparo entre el monte, pero parece que no hay muchas ganas o creen que no será necesario, hasta algunos armaron la boca de su “casa” hacia el sur...
 Tigre en realidad está formada por tres islas separadas por estrechos canales de no más de 200 metros, pero en la actualidad está todo unido por el efecto del descenso de las aguas. En total tiene aproximadamente 5.000 metros de largo por unos 600 de ancho. Isla en la que años atrás supimos ver huellas de gato montés y de acorazados quirquinchos (peludos en criollo). Hoy, dos años después del primer arribo en kayak, el lugar ha perdido verde, pocos árboles sobreviven, el monte impenetrable no se ha podido desarrollar como en las otras islas, los matorrales bajos y achaparrados que conviven con leñosos troncos sin vida dominan el paisaje. En los alrededores del campamento no se ven huellas de animales, sólo algún pozo no muy reciente cavado por los resistentes peludos o mulitas.
 Ya sin luz natural y todo el material desplegado, nos higienizamos lo mejor posible sacando los restos de “charqui” en nuestras saladas pieles; pero lo bueno es que el barro y el agua aún conservan las famosas propiedades curativas que todos buscaban cuando en la primera mitad del siglo XX, la mar era sólo un tercio de lo que es ahora y la concentración salina era de 300 gramos en un litro de agua (actualmente es de 40 gramos en un litro, 10 gramos más y morirán todos los peces). Es sorprendente, lo hemos reflexionado en grupo, cómo se curan las heridas y lo impecable que queda la piel luego de recibir estos elementos (agua, barro y arena), suave y sin necesidad de emplear humectantes artificiales para evitar el desecamiento clásico por la prolongada exposición al sol y al aire libre.
 También es llamativo el calor, (máxima registrada de 34°C), que hace disminuir peligrosamente las reservas de agua potable. La unidad meteorológica portátil indica casi 30° a las 21 horas, anunciando desmejoramiento para las próximas horas. Casi no hace falta la indicación del instrumento, los relámpagos aún lejanos, dibujan complejas figuras en el horizonte, recordando lo pronosticado: en teoría serán 30 milímetros de lluvia y ráfagas de no más de 35 kilómetros por hora del sur; pero por experticia reconocemos que en este espacio despejado, Eolo el guardián de los vientos, se potencia y duplica su velocidad sin mayores preocupaciones.
 Mañana, si el viento nos permite navegar, iremos hasta El Rolo y luego regreso a Tigre o a Sacavino (rumbo a Mare). Si no podemos navegar, lo más probable, exploraremos la isla en busca de señales de fauna y flora, visitando un antiguo campamento que hicimos con Roberto Milano en el año 2004.
 Con la carpa y todo los elementos asegurados cenamos tranquilos a la luz de las estrellas y de las linternas. Por suerte no hay mosquitos ni otros insectos voladores clásicos de la región, si hay hormigas, rojas y pequeñas que insisten en inspeccionar los tambuchos de los botes en busca de alimentos. Es una noche excelente para recuperar el sueño perdido.    
 
 Segundo día (10 km - trekking): Encuentro con el “Hombre de Tigre”. 
 Después de una noche cálida y apacible acompañados por los agudos y monótonos recitales de grillos nativos; recién a las 06:00 horas se incrementó el viento del sur y también el rugido de los truenos cada vez más cercanos, nos asomamos para ver la mar que comienza a encresparse anunciando la llegada del foco del vendaval. Le damos otra revisada a los tensores de la carpa y adentro, seguiremos durmiendo un poco más esperando que las telas resistan lo que se viene.
 Finalmente la lluvia no fue muy copiosa, estimamos que no más de 15 milímetros, que con la sed de meses de las pasturas y el suelo, fueron rápidamente absorbidos. En cuanto al equipo nuestra carpa “Eureka” ni se enteró del viento y del agua; aunque no sucedió lo mismo con el resto del grupo, que sufrió algunas entradas de agua y roturas menores a causa de las intensas ráfagas de viento.
 En estás condiciones extremas uno reconoce el valor agregado de los materiales técnicos específicos para estas travesías.
 Alrededor de las 09:00 horas, ya no llueve, salimos de las tiendas y desayunamos algo caliente al buen reparo de los arbustos, lentamente comienza a despejarse el cielo pero persiste el fuerte viento del sur (180°) que nos dificulta avanzar a pie, las rachas matinales marcan en el anemómetro 76,5 km/h de máxima, las olas superan los dos metros y pasan con velocidad vertiginosa por la punta oeste de la isla, no será un día navegable.
 Antes del mediodía, ingerimos algunos energéticos y comenzamos la caminata de exploración hacia la otra punta de Tigre, aprovechando la bajante podremos atravesar los canales internos y caminar sin problemas por la extensa playa. Vamos siete, en el campamento sólo se quedan Toto y Sebastián (rosarinos), se los ve algo cansados. Nos ponemos en marcha hacia la primer parada (2,3 kilómetros) en la parte central de Tigre, donde se encontraría el antiguo campamento del 2004, siguiendo los datos del GPS.
 Nos sorprende lo seco del monte, la mayor parte de los árboles están muertos, no hay huellas de animales salvajes como en otras islas de la mar que hemos visitado; además, del campamento no hay la menor señal, ni siguiera sobrevivió una inscripción con fecha de arribo dejada en el 2004.
 Seguimos el derrotero, Carlos, Roberto, Sergio, Diego P. y Diego V., mientras Eduardo y Alejandro no se muestran interesados en la exploración y regresan a la base. A todo esto, disimuladamente, nuestros movimientos son observados de lejos por acurrucados grupitos de flamencos, esbirros de la Diosa Ansenuza, que resisten la fuerza del viento que ahora marca rachas máximas de 58 km/h, viene en lenta baja.
 Llegando hacia el extremo este de la isla, Roberto nos llama con vehemencia: - ¡Hey, vengan encontré algo y es humano!
 Nos acercamos y no lo podemos creer, ¡es un cráneo completo!, sólo le falta el maxilar inferior. Está semienterrado en la arena a escasos 10 metros de la cota máxima de agua. Nos arrodillamos y comenzamos a observar otros huesos cercanos, las cámaras documentan el increíble e inesperado hallazgo. Desenterramos los restos con cuidado, la escena parece de algún documental de National Geographic, cuando los arqueólogos desentierran fósiles; pero este es de un humano, le ponemos nombre, es el “Hombre de Tigre”. Hay una clavícula y otros huesos presumiblemente del brazo o pierna. Inmediatamente comienzan las especulaciones: ¿Quién sería? ¿Cómo llegó aquí? ¿Habrá más huesos?
 La dentadura se ve completa pero muy gastada y sin arreglos dentales modernos, quizás sea un aborigen sanavirón, recordemos que habitaron la región hace más de cuatro mil años y hasta la llegada de los españoles, que los exterminaron. O será uno de los tantos ahogados en la mar que no se halló nunca el cuerpo. Carlos propone llevar los restos a sus colegas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) para el análisis, es muy buena idea. Mientras se debaten estos temas Roberto anuncia otro hallazgo, como a unos 8 metros está el maxilar faltante, completo, sin arreglos dentales modernos, con los molares y colmillos muy gastados, también se destaca una carie muy pareja y profunda, los restos están intactos, ¡impresionante, estamos sacudidos por el encuentro!
 Marcamos el waypoint en el GPS y con parte del esqueleto del Hombre de Tigre a cuestas regresamos al campamento; en la caminata el sol a pleno tiñe las pieles de los caminantes, mientras el viento se mantiene constante (45 km/h), y la dirección ha variado hacia el sureste (155°).
 Luego de haber recorrido más de 8 kilómetros ida y vuelta, es hora del postergado almuerzo buscando la sombra de los arbustos. La tarde transcurre entre charlas e hipótesis sobre el origen del Hombre de Tigre. Pasan los mates y las picadas; la prolongada merienda deja volar nuestra imaginación, disfrutando de la colorida puesta de sol como pocas. Ya Eolo se ha fatigado y las rachas apenas superan los 20 km/h, es un buen anuncio para la navegación de mañana, ya que sería muy interesante poder llegar hasta El Rolo distante 12 kilómetros.
 Bueno, volviendo a la aventura, mañana si acierta el pronóstico se podrá navegar, ya que el viento será del cuadrante sur (entre 180° y 150°), de frente, con intensidades que no superarán los 20 km/h. Por su parte la unidad meteorológica indica tiempo estable y soleado.
 Los minutos pasan y ya es tiempo de la cena, hay dos sustanciosos platos al reparo del follaje: arroz con hongos, atún y huevo duro; mientras que la otra opción es guiso de mostacholes y lentejas con salsa roja y el agregado de mejillones. Luego postres, sobremesa en la playa y a dormir que mañana es larga la jornada, programamos a las 06:30 horas la levantada y para las 08:30 horas la partida.


 Tercer día (37 km): Tigre - Pantanal - Campo Mare.  El sur amenaza por la tarde.
 Amanece fresco (mínima registrad de 12°C), el día es el esperado, totalmente despejado con viento sureste (170°) que no supera los 22 km/h; desayunamos chocolate caliente (lástima que faltó la batidora de Carlos para la espuma). Sin prisa pero sin pausa desarmamos el campamento y botamos a las 08:20 horas con el Hombre de Tigre incluido, excelente performance.
 Avanzamos a ritmo sostenido por mar abierto, a alrededor de 6 km/h, las olas pequeñas, de apenas 30-40 centímetros no molestan, temperatura agradable de 18°C, hasta aquí es un día envuelto para regalo. 
 Superados los 12 kilómetros ingresamos a la zona de pantanos, pretendemos acceder al islote en que paráramos a la ida, se nos hace esquivo entre el palerío, pero no hay problema ya que el espectáculo lo ponen los flamencos y cisnes, sin dudas en esta travesía hemos visto miles, nunca el avistaje fue tan numeroso, un delirio para los sentidos. Lo que no hemos visto son ejemplares muy jóvenes, pichones por ejemplo, esto evidencia que es sólo una zona de alimentación de aves adultas, no de reproducción y cría.
 Cerca del mediodía arribamos al atolón, buscamos una playa limpia y descendemos para estirar las piernas, desentumecer las nalgas y almorzar. También aprovechamos para discutir la estrategia de navegación, ya que faltan más de 24 kilómetros para Campo Mare. Al comenzar nuevamente la remada disfrutamos del refresco del antiguo surgente de agua dulce, entre tanta sal.
 Al poner rumbo a Mare (145°) nuevamente por mar abierto, advertimos un preocupante aumento del viento, la dirección es 140-130°, casi de frente, pero la velocidad marca rachas que superan 30 km/h, como consecuencia las olas comienzan a incrementarse, 40, 60, 80, 100 centímetros, los kayaks trepan y castigan contra las paredes de agua que nos empapan completamente, la velocidad de la flota también se ve afectada, la gente que no navega con sus botes habituales tiene dificultades para mantener velocidad y rumbo, hacemos el aguante, cada tanto nos reagrupamos. Por suerte las ráfagas no pasaron a más.
 Al pasar a la altura de Sacavino y El Martillo comenzamos a divisar la imponente y alta península de Campo  Mare, faltan más de 11 kilómetros y parece que alguien tira para atrás la tierra, no llegamos más. La larga remada de más de 8 horas comienza a pasar la factura a nuestros cuerpos.
 Lentamente se comienza a divisar la playa y la pequeña casa derruida al costado. Finalmente a las 17:20 horas desembarcamos, nos abrazamos contentos por lo vivido y estar de vuelta en el campamento base.
 Posteriormente, en la charla con los Mare, les relatamos el emotivo encuentro con el “Hombre de Tigre”, argumentando nuestras hipótesis sobre procedencia, ellos  descartaron la posibilidad de que se trate de un ahogado cuyo cadáver no se ubicó; afirman que hay muchas posibilidades que se trate de un “nn”, uno de los tantos desaparecidos hace 30 años, tal vez pasajero de los tantos “vuelos de la muerte”, víctimas del nefasto Proceso de Reorganización Nacional. Cuentan que en numerosas oportunidades escuchaban sobrevolar aviones militares sobre la mar, Pichón nos relata:
 - Los aviones grandes del ejército pasaban muy seguido en esa época, siempre era a la tardecita o a la noche, una vez yo estaba pescando, levantando la red y pasó uno tan cerca que me movió la lancha, vieras cómo la sacudió... (hace un gesto de inestabilidad) y casi caigo al agua, tuve suerte de no caerme...
 De esta manera encontramos otra nueva hipótesis sobre el origen del Hombre de Tigre, esperaremos los resultados del Departamento de Investigación del Museo de la UNC, Carlos Nieto nos mantendrá informado de los avances. Ojalá se devele el misterio, uno más de los muchos que nos aguardan y guarda la Diosa Ansenuza, celosa y expectante protectora del lugar, que nuevamente le regaló frescura y vitalidad a nuestras pieles.  

HASTA LA PRÓXIMA


 Últimos datos recibidos: la noticia del hallazgo del Hombre de Tigre, es difundida por los medios televisivos, concretamente Canal 10 de Córdoba, entrevistó al Lic. Carlos Nieto,  dando cuenta además del informe de los antropólogos de la UNC, que expresaron:
 - Por los rasgos morfológicos es un individuo adulto de sexo masculino, mayor de 25 años, tiene todos sus huesos bien consolidados, con una excelente dentadura. Lo que no podemos saber todavía es la causa de la muerte o algunas otras características extra, como por ejemplo la talla, la altura. Por lo que ellos nos están diciendo (navegantes), está asociado a elementos de una sociedad agro-alfarera o por lo menos alfarera, quiere decir, que probablemente, y por los datos de distribución de los materiales que encontraron y de las fotos que vimos, podemos ubicarlo aproximadamente en el 900 ó 1000 de la era Cristiana.
 Durante las próximas semanas se efectuarán más estudios para determinar con mayor precisión, los datos completos de los restos fósiles.  

 

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